Cinco amigxs en el bosque hablan de la Luna. Tienen miedo.
Hay un sexto, al que casi nadie mira. Sonriendo.
Uno habla en voz alta y dice:
Mi mamá me explicó cómo controlar al Monstruo: podemos comenzar el estudio del movimiento de ese planeta midiendo su velocidad y posición. Se traducen los resultados de la observación al lenguaje matemático, deduciendo números para las coordenadas y las cantidades de movimiento del planeta, a partir de los datos observados. Se emplean, entonces, las ecuaciones del movimiento, para deducir de aquellos valores de las coordenadas y cantidades de movimiento correspondientes a un instante dado, los valores de las coordenadas o cualquier otra propiedad del sistema en un momento posterior. De esta manera, se puede pronosticar las propiedades del sistema correspondientes a cualquier instante futuro, por ejemplo, la hora exacta de un eclipse del monstruo.
Una chica rubia, en voz baja, musita:
Si al menos fuera un electrón... en la teoría cuántica el procedimiento es ligeramente distinto. Podemos interesarnos, por ejemplo, en el movimiento de un electrón en una cámara de niebla y podemos determinar, mediante algún tipo de observación, la posición y velocidad iniciales del electrón. Pero esta determinación no habrá de ser precisa; contendrá, por lo menos, las inexactitudes derivadas de las relaciones de incertidumbre, y probablemente otros errores mayores debidos a dificultades propias del experimento. Son las primeras inexactitudes las que nos permiten traducir los resultados de la observación al lenguaje matemático de la teoría cuántica. Se escribe una función de probabilidad que representa la situación experimental en el momento de la medición, incluyendo también los probables errores de medida...
Entonces, la más pequeña del grupo, se levanta airada y con voz temblorosa afirma:
¡Esta función de probabilidad representa una mezcla de dos cosas: en parte, un hecho, y en parte, nuestro conocimiento de un hecho! Representa un hecho en la medida en que asigna a la situación inicial la probabilidad uno (es decir, certidumbre completa) en el momento inicial: el electrón que se mueve con la velocidad observada, en la posición observada; ¡"observada" significa observada dentro de la precisión del experimento! Representa nuestro conocimiento de un hecho, en la medida en que otro observador podría quizá conocer la posición del electrón con más exactitud. El error de la experiencia no representa, por lo menos hasta cierto punto, una propiedad del electrón sino una deficiencia, en nuestro conocimiento del electrón. ¡Esta deficiencia de conocimiento también está contenida en la función de probabilidad!
Su hermano, para tranquilizarla, dice con voz calmada:
En una investigación cuidadosa de física clásica, también deben considerarse los errores de observación. Como resultado, se obtendrá una distribución probabilística de los valores iniciales de las coordenadas y velocidades, de manera similar a la función de probabilidad de la teoría cuántica. Sólo que en física clásica faltará la incertidumbre necesaria, debida al principio de indeterminación. Cuando se ha determinado, en física cuántica, la función de probabilidad, mediante la observación en el momento inicial, puede calcularse según las leyes de la teoría cuántica la función de probabilidad para un instante posterior, y puede determinarse, por lo tanto, la probabilidad de que una cantidad medida arroje un resultado establecido. Podemos pronosticar, por ejemplo, la probabilidad de encontrar el electrón en un instante dado en un determinado punto de la cámara de niebla. Debe hacerse notar, sin embargo, que la función de probabilidad no representa por sí misma una serie de acontecimientos en el trascurso del tiempo. Representa una tendencia hacia acontecimientos, y nuestro conocimiento de ellos. La probabilidad puede relacionarse con la realidad sólo si se cumple con una condición esencial: siempre que se efectúe una nueva medición para determinar una determinada propiedad del sistema. Sólo entonces la función de probabilidad nos permite calcular el probable resultado de la nueva medida. El resultado de la medición será establecido, otra vez, en términos de la física clásica. ¿Tú que dices?
Pero la quinta, y más asustada de todxs, no puede ni mover los labios.
Si la noche fuera de luna llena, se podría ver la lágrima que surca su mejilla izquierda.
Calla.
Atesora su propio silencio.
Cuando ya lleva una marca de 4 minutos y 8 segundos, el chico que miraba la Luna sonriendo, se acerca a Ella.
Le susurra algo al oído.
Ella dice “no” con la voz dulce y valiente.
Él dice “gracias” y besa su párpado.
Media lágrima en otros labios.
Media sonrisa en otros espejos.
Se dan la mano, se van al bosque.
Ella será médico. Él enfermero.
Quedan los cuatrx amigxs en plena noche oscura: asustados, mudos y quietos.
Temiendo al Ojo en la noche estrellada, sabiéndose atrapados por solos, en El Laberinto Eterno.
Y vuelven a hablar, discutir y temer todo lo que sus manos palpan, sus oídos escuchan, ven sus espejos.
Así acuerdan, sin hablarlo, que aman y odian de igual modo a Quidam; siempre hacia el bosque, siempre en silencio...
¿Cuándo Él dejó de temer al Monstruo?
¿Qué esconden sus labios que controlan el Miedo?
Saben que su amiga ya nunca volverá a hablar de la Luna como lo hacen Ellos.
El fi i la fi
Il y a 16 ans
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